Adicción

Dependencia de sustancias o actividades, afición extrema a alguien o algo.

Se puede ser adicto a una canción, una serie, una persona o un recuerdo.

No sé si estará bien expresado, pero yo soy adicta a la vida. A vivir cada momento como si no tuviera un  minuto más y todo dependiera del ahora.

¿Conoces esa adrenalina?

No me paro a pensar que algo puede salir mal, porque si es así, siempre habrá una buena solución, o una salida de emergencia.

No me quedo en el suelo a llorar cuando me caigo, no pierdo ese tiempo.

Siento que en esta sociedad te van a criticar hagas lo que hagas, no cuenta el hecho de que hayas intentado “arreglarte” para ellos.

Por eso mi nueva adicción es vivir MI vida como mi propia carrera, sólo me preocupo de ganarla yo por y para mí, de la mejor o peor manera. Pero a MÍ manera.

No retengo a nadie conmigo, quien se quiera ir, que se vaya, la vida es a base de trenes a la máxima velocidad, y mi tren sólo tiene una parada, que es mi muerte.

No espero por nadie.

La adicción a las personas es la peor de todas, te destruye y te corroe, no te deja pensar ni vivir sin esa persona, patético, ¿no?

Yo siempre he sido adicta a las series, no sé qué es de las vidas de aquellas personas que no ven series, para mí son un escape, historias con las que aprendes, ríes, lloras…

Son como otra vida.

He decidido cogerme con todos mis defectos y miedos, con todos mis demonios y errores, pero con unas ganas irreales.

Me amo a mí misma como nunca antes lo he hecho. Por encima de todos pero sin dejar que predomine el ego.

El amor propio es algo que todo el mundo debería tener, en su justa medida.

Yo lo he conseguido a base de caídas, de heridas, de lágrimas, de fallos, de malas personas, pero también a base de levantarme, de lamerme las heridas, secarme las lágrimas, subrayar mis errores y aprender de ellos, y de rodearme de buenas personas.

Desearía ser inmortal para ser adicta a vivir hasta la eternidad, pero la muerte está en cualquier puerta y es inexpugnable, pero moraré este mundo viviendo como yo decida vivir.

Las adicciones las elegimos nosotros mismos, que nadie te domine.

Pieles

Me he sentido insegura dentro de mí misma.

Me he sentido una diosa dentro de mí misma.

Me he odiado y amado a partes iguales dentro de mí misma. 

Me he metido dentro de otras pieles para auxiliar a los demás.

Me he acariciado en la oscuridad y me han acariciado en la luz.

He sentido mis manos por todo mi cuerpo y otras manos ajenas que unas veces me hirieron y otras me curaron.

He perdido y ganado personas, pero el recuerdo de sus pieles rozando mi piel no los he abandonado.

He tenido rozaduras, cortes, arañazos y llagas  por toda mi piel, y por el contrario he custodiado, defendido, y mantenido mi piel como un templo.

He hecho y haré tantas cosas con mi piel que no sé cómo acabaré, sólo espero que las caricias nunca se consuman.

Más tú conmigo.

Ha pasado una semana desde que no te veo, y no sé cómo no me he vuelto loca con tu ausencia.

Te siento en cada cosa que hago, todo lo hago con las ganas de ir a enseñartelo a ti.

Me maquillo de maneras distintas por ti.

Me visto de manera que me siento bien conmigo misma porque sé que te encanta que me sienta así.

Sonrio con la esperanza de que me beses.

Nada tiene sentido porque tú no estás aquí para abrazarme por la espalda de sorpresa.

Los mensajes de texto no calman mis deseos de estar a tu lado y poder tenerte muy cerca de mí.

Pueden llamarlo adicción, pero si eres droga, no quiero rehabilitación.

Quiero más tú conmigo.

Has dejado de ser.

Me pintaba las uñas de negro porque me recordaba al tono de tu pelo.

Fumaba verde porque me recordaba al color de tus ojos.

Me estrellé en la curva más peligrosa que resultó ser tu sonrisa.

Me despeñé por el precipicio más aterrador que fueron tus clavículas.

Aprendí a ser valiente a base de sostener tu mirada, que me estremecía, me alteraba, podría decir que incluso me asustaba, porque jamás nadie me había mirado con la misma intensidad que tú.

Supe que era cobarde al darme cuenta de que se me trababa la lengua y se me enlazaba la garganta cada vez que me hablabas.

Por tu culpa he inundado innumerables sábanas y he colmado de mocos cientos y cientos de pañuelos.

Cuando me rozaste por primera vez, ni te imaginas el temblor, el frío por la espina dorsal y el pavor que se adueñaron de todo mi ser.

Eras todo y más para mí, pero en algún sentido poético, no demente. Fuiste mi inspiración en muchos de mis escritos.

Ahora sólo eres un eco de mi pasado, algo insignificante ya para mí, ínfimo en mis obras y algo inapreciable en mi corazón.

Ya no te tengo anclado a mi alma. Ya no te siento aferrado a mi piel.

Simplemente, ya has dejado de ser.